Cuenta una vieja leyenda que los hombres cultivadores de la quinua dominaron muchos años los pueblos de las tierras altaza fin de dejarlos morir lentamente, les fueron disminuyendo la ración de alimentos. Ya al borde de la muerte los pobres clamaron al cielo y Dios les entrego una semillas carnosas y redondas, las cuales después de sembrarlas se convirtieron en hermosas natas que tiñeron de morado las gélidas punas con sus flores. Los dominadores no se opusieron al cultivo con la mañosa esperanza de cosecharlas todo para ellos, llegada la oportunidad. Cuando la planta se amarillearon y los frutos parecieron maduros, los opresores segaron los campos y se llevaron todo lo que juzgaron era una cosecha.
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